Un miedo espantoso. Eso sentían los pobladores de la aldea desde que aquel dragón se instaló en una cueva vecina. Y ellos no podían hacer mas que pensar en sus horribles garras y en el infernal fuego que podía salir de su boca.
Pergeñaron planes para defenderse durante muchos años, hasta que un día una niña de un pueblo conoció al dragón... y descubrió que, muchas veces, las apariencias engañan.