A caballo entre la ficción y la realidad, saltando de puerto en puerto, Cendrars nos sumerge en Trotamundear en su particular visión de la vida y de la literatura. Nos ilusiona con su militancia vitalista y con su culto al viaje sin rumbo, a la amistad y al carpe diem; con su rebeldía e inconformismo ante lo convencional. Su periplo vital-literario pasa por Venecia, a través de sus recuerdos infantiles; Nápoles, La Coruña, Burdeos, Brest, Tolón, Amberes, Génova, Rotterdam y Hamburgo. Lugares que le sirven de soporte para engarzar con sus aventuras allende los mares, ya sea en Brasil o en China, y terminar en París, el «puerto de mar», el «embarcadero de los deseos, encrucijada de las inquietudes» que posee la «biblioteca más hermosa del mundo».
Con un estilo vertiginoso y fluido, Cendrars configura una obra en la que confluyen distintos géneros y técnicas literarias, junto a una prosa de extraordinaria belleza, salpicada de oraciones subordinadas e incisos espontáneos desde la perspectiva simultánea empleada en el expresionismo, que tanto le seducía. A través de un inacabable registro de personajes que el autor retrata de forma chispeante, Cendrars reflexiona, como en casi todas sus obras autobiográficas, sobre un mundo efímero.