Esto no es el abandono de la muerte, ni es el aliento de la vida. Es un canto fúnebre, interludio musical entre la vida y la muerte; y el Réquiem es cuanto tenemos tras la senda vital de la primera y la fría nada de la segunda. El Réquiem tiene sus crescendos y diminuendos; sus fanáticos obsesionados, sus locos salpicados de sangre, sus sensualistas, sus revolucionarios y sus conquistadores. Pero esta no es la música agridulce de los amados difuntos; esta es la sinfonía de los Condenados.
Charlotte Gaudibert, Aeguitas Fatalis