Descrizione
La interesante historia de Pedro Chamijo, el "El Falso Inca", escrito en un tono divertido, que no puede ocultar la tragedia que la ignorancia y la brutalidad de los conquistadores españoles representados por las tribus nativas de América del Sur.
El escenario es el Obispado de Cordoba del Tucumán, sentado en Santiago del Estero de la ciudad, con jurisdicción en la zona de Tarija
Pedro Chamijo (Sevilla, 1602 – Lima, 3 de enero de 1667), también conocido como Pedro Bohórquez e Inca Hualpa, fue un aventurero español de que tras probar fortuna infructuosamente en diversos oficios en el Perú, logró alrededor de 1656 hacerse coronar como Inca de los calchaquíes, engañando tanto a estos como a los gobernantes y clérigos españoles. Su historia casi legendaria tiene mucho que ver con la picaresca, con final trágico.
De origen campesino, muy probablemente morisco o mudéjar, logró aprender a leer y escribir junto a los jesuitas en Cádiz. A los 18 años llegó a América, desembarcando en el Pisco en 1620, atraído por la promesa de riqueza fácil que parecía ofrecer. Lucró durante años en el Perú con engaños diversos, pero sin obtener dinero suficiente para retirarse. En Quinga Tambo contrajo matrimonio con Ana Bonilla, quien era hija de padre zambo y madre indígena.
Luego de que en 1629 Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, conde de Chinchón, asumiera como virrey del Perú, Chamijo intentó convencerlo de realizar una expedición a las fuentes del río Marañón o Amazonas, a donde le aseguraba que se hallaba el Gran Paititi, un lugar que rebosaba de oro y plata. Descubierto su engaño, huyó a Potosí en el Alto Perú. Cerca de allí conoció a un clérigo llamado Alonso Bohórquez del cual se hizo amigo y -para huir de las puniciones españolas- adoptó su apellido haciéndose pasar por su sobrino.
En 1639 logró convencer al nuevo virrey, Pedro Álvarez de Toledo y Leiva, marqués de Mancera, para realizar una expedición a las fuentes del Marañón, que finalizó en fracaso. Huyó de nuevo haciéndose llamar Francisco hasta que en 1648 asumió como virrey García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, quien autorizó una nueva expedición a las fuentes del Marañón, que también fracasó estrepitosamente. Bohórquez fue enviado preso a Valdivia, en el entonces extremo sur de Chile, de donde huyó y atravesó la cordillera de los Andes recalando en la ciudad de Mendoza, en la actual Argentina. Luego de pasar por La Rioja, alrededor de 1656 llegó a San Miguel de Tucumán, que era una de las principales ciudades de la dilatada Gobernación del Tucumán. Pese a la amplitud del territorio, la situación de los colonizadores españoles era precaria, entre otras razones merced a la oposición de los nativos calchaquíes, un pueblo guerrero del conjunto diaguita que había estado muy brevemente sometido al Tawantinsuyu y rechazaba vehementemente la presencia española. Los intentos de evangelización llevados reiteradamente a cabo por misioneros jesuitas habían resultado infructuosos, puesto que los diaguitas "calchaquíes" se mostraban reticentes a técnicas empleadas con éxito con otros grupos de la zona.
El escenario es el Obispado de Cordoba del Tucumán, sentado en Santiago del Estero de la ciudad, con jurisdicción en la zona de Tarija
Pedro Chamijo (Sevilla, 1602 – Lima, 3 de enero de 1667), también conocido como Pedro Bohórquez e Inca Hualpa, fue un aventurero español de que tras probar fortuna infructuosamente en diversos oficios en el Perú, logró alrededor de 1656 hacerse coronar como Inca de los calchaquíes, engañando tanto a estos como a los gobernantes y clérigos españoles. Su historia casi legendaria tiene mucho que ver con la picaresca, con final trágico.
De origen campesino, muy probablemente morisco o mudéjar, logró aprender a leer y escribir junto a los jesuitas en Cádiz. A los 18 años llegó a América, desembarcando en el Pisco en 1620, atraído por la promesa de riqueza fácil que parecía ofrecer. Lucró durante años en el Perú con engaños diversos, pero sin obtener dinero suficiente para retirarse. En Quinga Tambo contrajo matrimonio con Ana Bonilla, quien era hija de padre zambo y madre indígena.
Luego de que en 1629 Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, conde de Chinchón, asumiera como virrey del Perú, Chamijo intentó convencerlo de realizar una expedición a las fuentes del río Marañón o Amazonas, a donde le aseguraba que se hallaba el Gran Paititi, un lugar que rebosaba de oro y plata. Descubierto su engaño, huyó a Potosí en el Alto Perú. Cerca de allí conoció a un clérigo llamado Alonso Bohórquez del cual se hizo amigo y -para huir de las puniciones españolas- adoptó su apellido haciéndose pasar por su sobrino.
En 1639 logró convencer al nuevo virrey, Pedro Álvarez de Toledo y Leiva, marqués de Mancera, para realizar una expedición a las fuentes del Marañón, que finalizó en fracaso. Huyó de nuevo haciéndose llamar Francisco hasta que en 1648 asumió como virrey García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, quien autorizó una nueva expedición a las fuentes del Marañón, que también fracasó estrepitosamente. Bohórquez fue enviado preso a Valdivia, en el entonces extremo sur de Chile, de donde huyó y atravesó la cordillera de los Andes recalando en la ciudad de Mendoza, en la actual Argentina. Luego de pasar por La Rioja, alrededor de 1656 llegó a San Miguel de Tucumán, que era una de las principales ciudades de la dilatada Gobernación del Tucumán. Pese a la amplitud del territorio, la situación de los colonizadores españoles era precaria, entre otras razones merced a la oposición de los nativos calchaquíes, un pueblo guerrero del conjunto diaguita que había estado muy brevemente sometido al Tawantinsuyu y rechazaba vehementemente la presencia española. Los intentos de evangelización llevados reiteradamente a cabo por misioneros jesuitas habían resultado infructuosos, puesto que los diaguitas "calchaquíes" se mostraban reticentes a técnicas empleadas con éxito con otros grupos de la zona.